Teatro medieval. Canto de la Sibila

El Canto de la Sibila (Cant de la Sibil·la en catalán) es un drama sacro de melodía gregoriana que tuvo mucha difusión durante la Edad Media en el sur de Europa y que actualmente se interpreta en la Misa de Gallo en algunas iglesias de España.

La Sibila es una profetisa de la mitología griega que se introdujo y adaptó al cristianismo gracias a la analogía que puede establecerse entre sus profecías y el concepto bíblico del juicio final. Así, inicialmente el Canto de la Sibila tenía como tema central el juicio final que se emitiría sobre buenos y malos, es decir, sobre los fieles al Rey y Juez Universal, cuya llegada era anunciada desde la fiesta de su nacimiento en la condición humana, lo que propició que con el paso del tiempo el canto se incorporara a las ceremonias de la Nochebuena.

La representación dramática en Mallorca contiene tres partes: Anuncio del ángel, Sermón de la Calenda y Canto de la Sibila, si bien en otros lugares se mantiene la sola representación del canto. El texto se conserva en latín en la Ciudad de Dios, de san Agustín (Oráculo de la sibila eritrea), pero se interpreta en catalán a partir de diversas traducciones.

En 2010, la Unesco lo declaró Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Sibilas de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina

Traducción del Canto de la Sibila en Mallorca

El día del juicio llegará  a quien haya servido
Jesucristo, rey universal,
hombre y verdadero Dios eternal,
del cielo vendrá para juzgar
y a cada uno lo justo dará. Sigue leyendo

Anuncios

Teatro medieval. Misterio de Elche

640px-Misterio_de_Elche

Descenso del ángel en la magrana

En el contexto teatral, los misterios medievales son dramas sacros que ponen en escena pasajes de las Sagradas Escrituras. Por su carácter arcano y simbólico pueden considerarse herederos de los rituales celebrados en Eleusis, en la antigua Grecia, relacionados directamente con Deméter y su hija Perséfone, e indirectamente con Dionisos, hijo y esposo de Perséfone.

El Misterio de Elche (Misteri d’Elx en valenciano) recrea la muerte, asunción y coronación de la Virgen María. De autor anónimo del siglo XV, se escenifica anualmente –de manera ininterrumpida desde entonces– en el interior de la Basílica de Santa María, en la ciudad española de Elche. Consta de dos actos o jornadas: la Vespra (Víspera), que se realiza el 14 de agosto, donde se representa la muerte de la Virgen María, y la Festa (Fiesta), que se realiza el 15 de agosto, donde se representa su asunción y coronación. Todos los personajes son interpretados por varones para respetar su origen medieval que prohibía la aparición de mujeres en este tipo de representaciones. Salvo algunos versos en latín, el texto está escrito en valenciano antiguo. La música es una amalgama de estilos de diferentes épocas que incluyen motivos del Medievo, Barroco y Renacimiento.

En 2001, la Unesco lo declaró Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.


Página oficial del Patronato Nacional del Misteri d’Elx 

Teatro medieval. Ordo virtutum

328px-Hildegard_von_Bingen

Santa Hildegard von Bingen

Ordo virtutum, El coro de las virtudes, escrito por santa Hildegard von Bingen en el siglo XII, es el más antiguo drama sacro cantado, especie de auto sacramental, oratorio o cantata, formas artísticas que no se conocieron hasta el siglo XVI.

Representa la lucha de las virtudes, que ayudan al alma en su viaje hacia la felicidad eterna, contra el diablo, que quiere apartarla de Dios. Como drama musical es una obra exclusivamente para ser cantada —excepto los parlamentos del diablo que, en lugar de cantar, vocifera, porque no puede producir armonía—. Consta de 82 cantos interpretados por patriarcas y profetas del Antiguo Testamento, almas en diversos estados: Encarnada, Feliz, Afligida y Penitente, y 17 virtudes: Conocimiento de Dios, Humildad, Caridad, Temor de Dios, Obediencia, Fe, Esperanza, Castidad, Inocencia, Desprecio del mundo, Amor celestial, Disciplina, Modestia, Misericordia, Victoria, Discernimiento y Paciencia.


Representaciones de obras de teatro

Muerte de Penteo

Muerte de Penteo, en Las bacantes

Esquilo. Prometeo encadenado (88-285)

Sófocles. Edipo rey

Eurípides. Las bacantes

Hildegard von Bingen. Ordo virtutum (drama sacro)

Anónimo. Misterio de Elche (misterio)

Shakespeare. Macbeth

Calderón de la Barca. El gran teatro del mundo (auto sacramental), La vida es sueño

Chejov. El jardín de los cerezos

Ibsen. Casa de muñecas

Becket. Esperando a Godot

Williams. Zoo de cristal

Música del teatro griego

LA MÚSICA DE LA ANTIGUA GRECIA, por Antonio Díaz Bautista

La música ocupaba un lugar muy destacado en la vida cotidiana de la antigua Hélade. Los testimonios son muchos. La mitología nos habla de la lira de Orfeo, la flauta de Pan y la Musa Calíope, protectora de la música. Las artes plásticas representan, a menudo, personajes que tañen instrumentos. Las tragedias y las comedias tenían partes cantadas. Se entonaban himnos de alabanza a los dioses y a los atletas victoriosos y hasta creo recordar que Platón recomienda, en su República, el sonido de ciertos instrumentos, para formar mejor el espíritu de los jóvenes. El grupo Atrium Musicae ha recogido los escasos testimonios de la música helénica, conservados en papiros, inscripciones y documentos copiados en los siglos posteriores. Uno de ellos es debido al erudito compositor y aristócrata Benedetto Marcello. Sobre estos vestigios han realizado un cuidadoso trabajo de arqueología musical, para hacerlos sonar de nuevo. También aparece el único texto escrito que se conserva de la música romana: un fragmento de una comedia de Terencio. Nos informa Gregorio Paniagua en el estudio que acompaña al disco, que coexistían en la antigua Grecia dos notaciones musicales: la instrumental, de 15 signos, y la vocal, de 24. Raramente aparecen indicaciones rítmicas, y los intérpretes han de deducirlas de las palabras del texto. Las lagunas de los manuscritos las han colmado, continuando la línea melódica, cuando ésta permitía enlazar con el resto del fragmento, o introduciendo silencios, cuando ello no era posible. Han resucitado el sonido de liras, cítaras, monocordios, salterios, crótalos, timbales, flautas de distintos tipos y hasta del órgano hidráulico.

El resultado de tan complicado trabajo nos descoloca, porque, en algunos pasajes recuerda la música oriental, en otros la del Medievo cristiano y, en ciertos momentos, los cánticos litúrgicos de la Iglesia ortodoxa, sin que podamos adscribirlos rotundamente a ninguno de ellos. Pero lo que más sorprende es la poderosa, a veces desgarradora tensión que revelan las melodías, insospechada en una cultura a la que siempre consideramos asentada sobre el orden, la mesura y el equilibrio. En la mente de los antiguos helenos, como seguramente en la de todos los pueblos, no imperaba tan sólo el logos, la razón, sino también la pasión, el pathos: la conocida contraposición de Nietzsche entre Apolo y Dionisios. Quizá, si volviéramos a ver las maravillosas esculturas y los templos de la antigua Grecia, no en su blanca serenidad marmórea actual, sino en su estado original, pintados de brillantes colores, tendríamos una apreciación muy distinta y más inquietante sobre aquel pueblo que trazó los derroteros de la cultura occidental.

Sigue leyendo