MARISABEL PROFESORA

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ENTRADAS RECIENTES

Bendición desconocida. Robert Barron

Pensé que si Pedro y Pablo hubiesen tenido Internet, lo habrían utilizado. Si quieres llevar el Evangelio a todas partes, debes usar todos los medios a tu disposición.

Robert Barron

Bendición desconocida: Los tres caminos a la santidad es una charla realizada en 2005, donde el padre Robert Barron, obispo y teólogo, reflexiona acerca de la belleza de Jesús. Sostiene Barron que a través del conocimiento del amor de Jesús derramado sobre cada uno de nosotros, que nos sana y nos llama a una misión, recibimos una inaudita riqueza de bendiciones de parte de Dios.

Según Barron, los tres caminos a la santidad son: 1) Encontrando el centro. 2) Descubrir que eres un pecador. 3) Darte cuenta de que tu vida no se trata de ti. La charla ha sido divulgada por TV –a través de EWTN, Red Católica Mundial– en tres partes, cada una con la exposición de un camino. También se encuentra disponible en un DVD producido por Word on Fire, red multimedia para evangelización católica fundada por Barron. (más…)

Quod visum placet. Rafael Tomás Caldera

Y ágil, humildemente,
la materia apercibe.
Gracia de aparición:
esto es cal, esto es mimbre.

Jorge Guillén. “Más allá”, Cántico

1

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Las torres de la Sagrada Familia

Esplendor de la forma, según la doctrina clásica, la belleza es de captación inmediata. Lejos de requerir un proceso de análisis racional –siempre posible après coup— se da con la evidencia de un presente a los sentidos inteligenciados del ser humano. A la vista y el oído, de modo particular, más dispuestos por naturaleza a la percepción de esas formas en cuya apariencia misma encontramos un bien. Porque se trata de eso, en primer término: como lo dijera Tomás de Aquino, en una de sus lacónicas fórmulas, lo propio de lo bello es que in eius aspectu seu cognitione quietetur appetitus, que en su aprehensión se aquiete el apetito.

Así, bello será quod visum placet: lo que visto, agrada. Aquello en lo cual el afecto encuentra su reposo y su alimento, pero no por la sustancia misma del sujeto contemplado o por su posesión real sino precisamente en cuanto contemplado. La belleza resulta de esta manera una propiedad intermedia entre la verdad y la bondad de los seres: es un bien ciertamente –esto es, objeto de apetición–; pero un bien en su aparecer, sin que se reduzca a esa mostración propia de la verdad. Donde se descubre el ser mismo del sujeto, su esencia y propiedades.

Por eso, podemos insistir, lo específico de la belleza es colmarnos con su aparición. De allí también la inmediatez con la cual se nos da o con la cual es captada. Sería un extraño error, en verdad una suerte de category mistake pretender que el reconocimiento de algo bello exija previamente una comparación de su realidad con las notas de su propia esencia, a fin de determinar si, en efecto, se halla completa, íntegra. ¿Habríamos de medir primero el edificio y comparar sus proporciones con algún canon o sección áurea para poder afirmar luego su hermosura? Al margen de su densidad real, las razones pueden llevar a tales aporías, casi de juego dialéctico. Entendemos pues que la doctrina clásica coloque entre las propiedades de lo bello -o sus momentos constitutivos–, junto a la integridad y la proporción, la claridad. Lo bello es claro: la claritas la pertenece máximamente a la belleza. (más…)

Ángelus de domingo de Cuaresma. Papa Francisco

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Papa Francisco

ÁNGELUS

I Domingo de Cuaresma, 9 de marzo de 2014

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio del primer domingo de Cuaresma presenta cada año el episodio de las tentaciones de Jesús, cuando el Espíritu Santo, que descendió sobre Él después del bautismo en el Jordán, lo llevó a afrontar abiertamente a Satanás en el desierto, durante cuarenta días, antes de iniciar su misión pública.

El tentador busca apartar a Jesús del proyecto del Padre, o sea, de la senda del sacrificio, del amor que se ofrece a sí mismo en expiación, para hacerle seguir un camino fácil, de éxito y de poder. El duelo entre Jesús y Satanás tiene lugar a golpes de citas de la Sagrada Escritura. El diablo, en efecto, para apartar a Jesús del camino de la cruz, le hace presente las falsas esperanzas mesiánicas: el bienestar económico, indicado por la posibilidad de convertir las piedras en pan; el estilo espectacular y milagrero, con la idea de tirarse desde el punto más alto del templo de Jerusalén y hacer que los ángeles le salven; y, por último, el atajo del poder y del dominio, a cambio de un acto de adoración a Satanás. Son los tres grupos de tentaciones: también nosotros los conocemos bien.

Jesús rechaza decididamente todas estas tentaciones y ratifica la firme voluntad de seguir la senda establecida por el Padre, sin compromiso alguno con el pecado y con la lógica del mundo. Mirad bien cómo responde Jesús. Él no dialoga con Satanás, como había hecho Eva en el paraíso terrenal. Jesús sabe bien que con Satanás no se puede dialogar, porque es muy astuto. Por ello, Jesús, en lugar de dialogar como había hecho Eva, elige refugiarse en la Palabra de Dios y responde con la fuerza de esta Palabra. Acordémonos de esto: en el momento de la tentación, de nuestras tentaciones, nada de diálogo con Satanás, sino siempre defendidos por la Palabra de Dios. Y esto nos salvará. En sus respuestas a Satanás, el Señor, usando la Palabra de Dios, nos recuerda, ante todo, que «no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4, 4; cf. Dt8, 3); y esto nos da fuerza, nos sostiene en la lucha contra la mentalidad mundana que abaja al hombre al nivel de las necesidades primarias, haciéndole perder el hambre de lo que es verdadero, bueno y bello, el hambre de Dios y de su amor. (más…)

Poemas. John Keats

ODA A LA MELANCOLÍA

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Proserpina, por Dante Gabriel Rossetti

1
No vayas al Leteo ni exprimas el morado
acónito buscando su vino embriagador;
no dejes que tu pálida frente sea besada
por la noche, violácea uva de Proserpina.
No hagas tu rosario con los frutos del tejo
ni dejes que polilla o escarabajo sean
tu alma plañidera, ni que el búho nocturno
contemple los misterios de tu honda tristeza.
Pues la sombra a la sombra regresa, somnolienta,
y ahoga la vigilia angustiosa del espíritu.
2
Pero cuando el acceso de atroz melancolía
se cierna repentino, cual nube desde el cielo
que cuida de las flores combadas por el sol
y que la verde colina desdibuja en su lluvia,
enjuga tu tristeza en una rosa temprana
o en el salino arco iris de la ola marina
o en la hermosura esférica de las peonías;
o, si tu amada expresa el motivo de su enfado,
toma firme su mano, deja que en tanto truene
y contempla, constante, sus ojos sin igual.
3
Con la Belleza habita, Belleza que es mortal.
También con la alegría, cuya mano en sus labios
siempre esboza un adiós; y con el placer doliente
que en tanto la abeja liba se torna veneno.
Pues en el mismo templo del Placer, con su velo
tiene su soberano numen Melancolía,
aunque lo pueda ver sólo aquel cuya ansiosa
boca muerde la uva fatal de la alegría.
Esa alma probará su tristísimo poder
y entre sus neblinosos trofeos será expuesta.

Versión de Gabriel Insuasti
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El exilio de Helena. Albert Camus

La moral de los límites es aquella en la que desaparece todo antagonismo entre medios y fines, en la que son aquéllos los que justifican a éstos y no al revés.

Mario Vargas Llosa. Albert Camus y la moral de los límites

Mujeres. Fresco de Knossos

Mujeres. Fresco de Knossos

El Mediterráneo tiene un sentido trágico solar, que no es el mismo que el de las brumas. Ciertos atardeceres –en el mar, al pie de las montañas–, cae la noche sobre la curva perfecta de una pequeña bahía y, desde las aguas silenciosas, sube entonces una plenitud angustiada. En esos lugares se puede comprender que si los griegos han tocado la desesperación ha sido siempre a través de la belleza y de lo que ésta tiene de opresivo. En esa dorada desdicha culmina la tragedia. Nuestra época, por el contrario, ha alimentado su desesperación en la fealdad y en las convulsiones. Y por esa razón, Europa sería innoble, si el dolor pudiera serlo alguna vez.

Nosotros hemos exiliado la belleza; los griegos tomaron las armas por ella. Primera diferencia, pero que viene de lejos. El pensamiento griego se ha resguardado siempre en la idea de límite. Nunca abusó de nada, ni de lo sagrado ni de la razón, porque nunca negó nada, ni lo sagrado ni la razón. Lo admitió todo, equilibrando la sombra con la luz. Por el contrario, nuestra Europa, lanzada a la conquista de la totalidad, es hija de la desmesura. Niega la belleza, del mismo modo que niega todo lo que no exalta. Y, aunque de diferentes maneras, no exalta más que una sola cosa: el futuro imperio de la razón. En su locura, hace retroceder los límites eternos y, enseguida, oscuras Erinias se abaten sobre ella y la desgarran. Diosa de la mesura, no de la venganza, Némesis vigila. Todos cuantos traspasan el límite reciben su despiadado castigo.

Los griegos, que se interrogaron durante siglos acerca de lo justo, no podrían entender nada de nuestra idea de la justicia. Para ellos, la equidad suponía un límite, mientras que nuestro continente se convulsiona en busca de una justicia que pretende total. Ya en la aurora del pensamiento griego, Heráclito imaginaba que la justicia pone límites al propio universo físico. “El sol no rebasará sus límites, y si lo hace, las Erinias, defensoras de la justicia, darán con él”. Nosotros, que hemos desorbitado el universo y el espíritu, nos reímos de esa amenaza. Encendemos en un cielo ebrio los soles que queremos. Pero eso no impide que los límites existan y que nosotros lo sepamos. En nuestros más locos extravíos, soñamos con un equilibrio que hemos dejado atrás y que ingenuamente creemos que volveremos a encontrar al final de nuestros errores. Presunción infantil y que justifica que pueblos niños, herederos de nuestras locuras, conduzcan hoy en día nuestra historia. (más…)