Acerca de Marisabel Contreras

Editora, escritora de cuentos, ensayos y dramaturgia con publicaciones y premios nacionales e internacionales, así como profesora universitaria en los ámbitos de la filosofía y el teatro. Además del arte y la educación, me interesan la nutrición y los animales.

Presentación de “Chuo Gil y otras obras”. Arturo Uslar Pietri

Premio Príncipe de Asturias de las Letras, 1990

Arturo Uslar Pietri es uno de los más destacados escritores venezolanos. La Biblioteca virtual Miguel de Cervantes (2018) hace esta reseña en la sección que le dedica a su vida y obra:

El escritor y político Arturo Uslar Pietri (1906-2001) está considerado junto a Rómulo Gallegos como el escritor más célebre de la literatura venezolana del siglo XX y uno de los más importantes intelectuales de toda Hispanoamérica. Una de sus más notables contribuciones fue la de marcar el camino que desembocaría en el realismo mágico con su novela Las lanzas coloradas, obra que queda como la más bella visión de la Independencia de Venezuela, construida a través de un lenguaje que ha sorprendido al lector desde su publicación en 1931.

Destacó como narrador, poeta, ensayista, articulista. Sin embargo, su obra teatral ha sido poco divulgada a pesar de su extraordinaria calidad. En su teatro, Uslar Pietri fue un vanguardista. Al respecto, afirma: “Lo que la vanguardia quiere es que las cosas se digan como se sienten o como se crea se deban decirse, sin necesidad de someterlas a moldes muertos” (citado por Chesney, 2007: 78-79). En el teatro, uno de esos “moldes muertos” es el costumbrismo que califica de “agotado” (Uslar Pietri, 1992: 7). Su propuesta es una dramaturgia novedosa, que mira lo actual desde la antigüedad y la Edad Media, vale decir, desde lo eterno: su primera obra, E’ Ultreja, lleva un título en latín y recuerda los misterios medievales; en La Tebaida, uno de sus personajes en un anacoreta; en Chuo Gil y las tejedoras, domina el ambiente mítico.

No obstante, su teatro va incluso más allá. Dice Núñez (2007):

Si hacemos con detenimiento un análisis de los textos de Uslar Pietri, nos encontramos que no se trata de un simple experimento vanguardista, sino que hay un teatro poderoso, visceral, perfectamente articulado en su estructura, pleno de símbolos y radicalmente alejado de la narrativa.

A continuación, la Presentación que Uslar Pietri escribe para su libro Chuo Gil y otras obras, donde explica su visión de la dramaturgia. Sigue leyendo

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Por qué leer los clásicos. Italo Calvino

Empecemos proponiendo algunas definiciones.

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Ilíada de Homero, edición de 1572

1. Los clásicos son esos libros de los cuales se suele oír decir: «Estoy releyendo…» y nunca «Estoy leyendo…».

Es lo que ocurre por lo menos entre esas personas que se supone «de vastas lecturas»; no vale para la juventud, edad en la que el encuentro con el mundo, y con los clásicos como parte del mundo, vale exactamente como primer encuentro.

El prefijo iterativo delante del verbo «leer» puede ser una pequeña hipocresía de todos los que se avergüenzan de admitir que no han leído un libro famoso. Para tranquilizarlos bastará señalar que por vastas que puedan ser las lecturas «de formación» de un individuo, siempre queda un número enorme de obras fundamentales que uno no ha leído.

Quien haya leído todo Heródoto y todo Tucídides que levante la mano. ¿Y Saint-Simon? ¿Y el cardenal de Retz? Pero los grandes ciclos novelescos del siglo XIX son también más nombrados que leídos. En Francia se empieza a leer a Balzac en la escuela, y por la cantidad de ediciones en circulación se diría que se sigue leyendo después, pero en Italia, si se hiciera un sondeo, me temo que Balzac ocuparía los últimos lugares. Los apasionados de Dickens en Italia
son una minoría reducida de personas que cuando se encuentran empiezan enseguida a recordar personajes y episodios como si se tratara de gentes conocidas. Hace unos años Michel Butor, que enseñaba en Estados Unidos, cansado de que le preguntaran por Emile Zola, a quien nunca había leído, se decidió a leer todo el ciclo de los Rougon-Macquart. Descubrió que era completamente diferente de lo que creía: una fabulosa genealogía mitológica y cosmogónica que describió en un hermosísimo ensayo.

Esto para decir que leer por primera vez un gran libro en la edad madura es un placer extraordinario: diferente (pero no se puede decir que sea mayor o menor) que el de haberlo leído en la juventud. La juventud comunica a la lectura, como a cualquier otra experiencia, un sabor particular y una particular importancia, mientras que en la madurez se aprecian (deberían apreciarse) muchos detalles, niveles y significados más. Podemos intentar ahora esta otra definición: Sigue leyendo

Bendición desconocida. Robert Barron

Pensé que si Pedro y Pablo hubiesen tenido Internet, lo habrían utilizado. Si quieres llevar el Evangelio a todas partes, debes usar todos los medios a tu disposición.

Robert Barron

 

 

Bendición desconocida: Los tres caminos a la santidad es una charla realizada en 2005, donde el padre Robert Barron, obispo y teólogo, reflexiona acerca de la belleza de Jesús. Sostiene Barron que a través del conocimiento del amor de Jesús derramado sobre cada uno de nosotros, que nos sana y nos llama a una misión, recibimos una inaudita riqueza de bendiciones de parte de Dios.

Según Barron, los tres caminos a la santidad son: 1) Encontrando el centro. 2) Descubrir que eres un pecador. 3) Darte cuenta de que tu vida no se trata de ti. La charla ha sido divulgada por TV –a través de EWTN, Red Católica Mundial– en tres partes, cada una con la exposición de un camino. También se encuentra disponible en un DVD producido por Word on Fire, red multimedia para evangelización católica fundada por Barron. Sigue leyendo

Quod visum placet. Rafael Tomás Caldera

Y ágil, humildemente,
la materia apercibe.
Gracia de aparición:
esto es cal, esto es mimbre.

Jorge Guillén. “Más allá”, Cántico

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Las torres de la Sagrada Familia

Esplendor de la forma, según la doctrina clásica, la belleza es de captación inmediata. Lejos de requerir un proceso de análisis racional –siempre posible après coup— se da con la evidencia de un presente a los sentidos inteligenciados del ser humano. A la vista y el oído, de modo particular, más dispuestos por naturaleza a la percepción de esas formas en cuya apariencia misma encontramos un bien. Porque se trata de eso, en primer término: como lo dijera Tomás de Aquino, en una de sus lacónicas fórmulas, lo propio de lo bello es que in eius aspectu seu cognitione quietetur appetitus, que en su aprehensión se aquiete el apetito.

Así, bello será quod visum placet: lo que visto, agrada. Aquello en lo cual el afecto encuentra su reposo y su alimento, pero no por la sustancia misma del sujeto contemplado o por su posesión real sino precisamente en cuanto contemplado. La belleza resulta de esta manera una propiedad intermedia entre la verdad y la bondad de los seres: es un bien ciertamente –esto es, objeto de apetición–; pero un bien en su aparecer, sin que se reduzca a esa mostración propia de la verdad. Donde se descubre el ser mismo del sujeto, su esencia y propiedades.

Por eso, podemos insistir, lo específico de la belleza es colmarnos con su aparición. De allí también la inmediatez con la cual se nos da o con la cual es captada. Sería un extraño error, en verdad una suerte de category mistake pretender que el reconocimiento de algo bello exija previamente una comparación de su realidad con las notas de su propia esencia, a fin de determinar si, en efecto, se halla completa, íntegra. ¿Habríamos de medir primero el edificio y comparar sus proporciones con algún canon o sección áurea para poder afirmar luego su hermosura? Al margen de su densidad real, las razones pueden llevar a tales aporías, casi de juego dialéctico. Entendemos pues que la doctrina clásica coloque entre las propiedades de lo bello -o sus momentos constitutivos–, junto a la integridad y la proporción, la claridad. Lo bello es claro: la claritas la pertenece máximamente a la belleza. Sigue leyendo