MARISABEL PROFESORA

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Catarsis

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Zeus puso a los mortales en el camino del saber, cuando estableció con fuerza de ley que se adquiere la sabiduría con el sufrimiento.

Esquilo. Agamenón

Aristóteles dice en Poética (capítulo 6):

Tributo a Sófocles. "Yo nací para amar, no para odiar". Antígona

Tributo a Sófocles, por Fikos

La tragedia es, pues, imitación (mimesis) de una acción (praxis) de carácter elevado y completa, en un lenguaje agradable, llena de bellezas de una especie particular según sus diversas partes, imitación que ha sido hecha o lo es por personajes en acción y no por medio de una narración, la cual, moviendo a compasión y temor, obra en el espectador la purificación (catarsis) propia de estos estados emotivos.

A continuación, algunas consideraciones acerca del significado de catarsis.


Catarsis según Ángel Cappelletti

Introducción a Poética, p. XIX (traducción de Poética publicada por Monte Ávila, Venezuela, 1984)

Para nosotros la καθαρσις trágica se vincula con la virtud, pero no con la virtud ética sino más bien con la dianoética. No implica destrucción de las pasiones ni conversión de las mismas en hábitos virtuosos mediante el logro de un justo medio. Tampoco se reduce a una práctica higiénica, o algo así como una purga del alma, o un método psicoterapéutico o psicoanalítico. La καθαρσις se produce en la tragedia mediante la elevación de lo singular a lo universal, mediante la sustitución de la compasión y del temor, que afectan individualmente a cada espectador, por la compasión y el temor considerados universalmente, ya que la poesía no se ocupa de los individuos sino de lo universal. Para el filósofo se trataría de transferir las pasiones desde la parte irracional del alma a la parte intelectual; de hacer a las pasiones (compasión y temor) objeto de contemplación. El gozo que surge del acto contemplativo es el gozo supremo a que puede aspirar un hombre, ya que la contemplación de la verdad y la posesión de la virtud dianoética es el fin más alto de la vida humana. Quien sea capaz de contemplar las pasiones «sub specie aeternitatis», es decir, en su esencia, en lo que tienen de necesario y universal, se olvidará de sus propias pasiones y podrá reemplazar la inquietud y el dolor que estas le causan por la serenidad y el gozo que le da el conocimiento puro. Sin embargo, al hablar de la tragedia y de su efectos catárticos, el estaragita no está equiparando de un modo absoluto el disfrute del arte con la contemplación filosófica. Establece más bien una especie de analogía por la cual el espectador de la tragedia es asimilado al filósofo. La prueba de ello es que, como el propio Aristóteles reconoce, la contemplación pura (θεωρια) está reservada para una ínfima minoría, mientras de la contemplación trágica podrán participar todos los ciudadanos.


Catarsis según Amalia Iriarte

Aportes de la ética al estudio de la tragedia. Aportes de la tragedia al estudio de la ética, p. 95 (artículo en revista Universitas Philosophica, Colombia, 1998)

La traducción habitual de este término reduce su sentido al de purificación o purga de malos humores empleado en medicina, y ha determinado las interpretaciones de la Poética de Aristóteles desde el siglo XVI. Nussbaum propone rescatar su significado primario, limpieza, clarificación, en el que también está contenido el que adoptó la medicina, pero que es mucho más amplio y, sobre todo, tiene implicaciones cognoscitivas (Martha Nussbaum, La fragilidad del bien, Visor, Madrid, 1995, pp. 480-83).

Traducir katharsis como purga y purificación ha empobrecido el enfoque aristotélico de la tragedia como consta, por ejemplo, en las críticas que Brecht y los brechtianos hacen a lo que ellos llaman teatro aristotélico. Según dicha traducción, el efecto del teatro trágico en el espectador se agotaría en un liberarse de, en un eliminar, en una evasión que impide el acto de comprender. Por el contrario, en la traducción propuesta por Nussbaum “la tragedia contribuye al conocimiento de uno mismo precisamente explorando lo temible y lo que mueve a piedad” (p. 482); es, pues, un acto de conocimiento, una “clarificación” que no es meramente intelectual (p. 483), sino que se produce mediante respuestas emocionales, pues las pasiones “también pueden conducirnos a un plano más profundo y verdadero de nosotros mismos” (p. 483). Esta interpretación de la katharsis justifica la inclusión de la tragedia en un tratado de ética.

“Porque Zeus puso a los mortales en el camino del saber, cuando estableció con fuerza de ley que se adquiere la sabiduría con el sufrimiento”, canta el Coro en Agamenón (176-180). Si Esquilo concibe el conflicto y la reacción pasional como una vía de aprendizaje que excede las posibilidades del intelecto y el saber contemplativo, el estudio de sus obras es una tarea central, no una opción, para la investigación ética.


Catarsis según Enrique Herreras

La aportación de la tragedia griega a la educación democrática, p. 99 (Tesis doctoral, Filosofia del Dret, Moral i Política, Universitat de València, España, 2008)

Ya hemos observado que, según Aristóteles, existe la tendencia natural del hombre a la mímesis, o el placer que provoca representar. Así, este mecanismo del placer puede tener relación también con la catarsis por varias razones.

La primera, porque la noción de placer está intrínsecamente unida a la de mímesis, algo que está inmerso en la naturaleza misma del hombre. Es en esa propia naturaleza donde se funda no sólo la autenticidad de la mímesis, sino también el placer en tanto que él mismo es mimético, es decir, estético.

La segunda tiene que ver con el hecho de que el placer es un impulso de orden intelectual. Ya que éste se produce por el conocimiento que provoca la asistencia a una representación. El hombre, vendría a decir Aristóteles, disfruta del placer de aprender. Lo cual nos vuelve a desvelar un nuevo estadio de la crítica a la mímesis en sentido platónico. Si en Platón la imitación es irremediablemente alejada de todo saber y sólo la filosofía posee la facultad de conocer, para Aristóteles, en cambio, el ser humano aprende con la representación, y el placer que recibe de este aprendizaje le acerca al filósofo. Tal vez por ello, Aristóteles, en el capítulo 4 de Poética hable del placer mimético como un placer noble, que nace de un proceso de intelección. Cierto, Aristóteles, al posibilitar el placer, incluso sobre los acontecimientos penosos de la tragedia, le da a la emoción un grado secundario de conocimiento, pero grado, al fin y al cabo. Dice exactamente Aristóteles: “Pues por esos se complacen contemplando las imágenes, porque acontece que al contemplarlas aprenden y se hacen deducciones sobre qué es cada cosa” (1448b).

Lo importante de este pensamiento es que incluso en el acto de catarsis hay placer.

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