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Soy Marisabel Contreras, editora, escritora de cuentos, ensayos y dramaturgia con publicaciones y premios nacionales e internacionales, así como profesora universitaria en los ámbitos de la filosofía y el teatro. Mi línea de investigación es la Grecia antigua, su filosofía, su cultura, sus mitos y su afinidad con el cristianismo.

En esta página web presento entradas relacionadas con mis cursos, agrupados en cuatro categorías: Apreciación literaria, Dramaturgia, Estética e Historia del arte. Esta información la complemento con web recomendadas (en pie de página) y enlaces a publicaciones de interés en otras web (en páginas de categorías).

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Por qué leer los clásicos. Italo Calvino

Empecemos proponiendo algunas definiciones.

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Ilíada de Homero, edición de 1572

1. Los clásicos son esos libros de los cuales se suele oír decir: «Estoy releyendo…» y nunca «Estoy leyendo…».

Es lo que ocurre por lo menos entre esas personas que se supone «de vastas lecturas»; no vale para la juventud, edad en la que el encuentro con el mundo, y con los clásicos como parte del mundo, vale exactamente como primer encuentro.

El prefijo iterativo delante del verbo «leer» puede ser una pequeña hipocresía de todos los que se avergüenzan de admitir que no han leído un libro famoso. Para tranquilizarlos bastará señalar que por vastas que puedan ser las lecturas «de formación» de un individuo, siempre queda un número enorme de obras fundamentales que uno no ha leído.

Quien haya leído todo Heródoto y todo Tucídides que levante la mano. ¿Y Saint-Simon? ¿Y el cardenal de Retz? Pero los grandes ciclos novelescos del siglo XIX son también más nombrados que leídos. En Francia se empieza a leer a Balzac en la escuela, y por la cantidad de ediciones en circulación se diría que se sigue leyendo después, pero en Italia, si se hiciera un sondeo, me temo que Balzac ocuparía los últimos lugares. Los apasionados de Dickens en Italia
son una minoría reducida de personas que cuando se encuentran empiezan enseguida a recordar personajes y episodios como si se tratara de gentes conocidas. Hace unos años Michel Butor, que enseñaba en Estados Unidos, cansado de que le preguntaran por Emile Zola, a quien nunca había leído, se decidió a leer todo el ciclo de los Rougon-Macquart. Descubrió que era completamente diferente de lo que creía: una fabulosa genealogía mitológica y cosmogónica que describió en un hermosísimo ensayo.

Esto para decir que leer por primera vez un gran libro en la edad madura es un placer extraordinario: diferente (pero no se puede decir que sea mayor o menor) que el de haberlo leído en la juventud. La juventud comunica a la lectura, como a cualquier otra experiencia, un sabor particular y una particular importancia, mientras que en la madurez se aprecian (deberían apreciarse) muchos detalles, niveles y significados más. Podemos intentar ahora esta otra definición: Sigue leyendo

  1. Historia universal Deja un comentario
  2. Bendición desconocida. Robert Barron Deja un comentario
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  4. Teatro medieval. Canto de la Sibila Deja un comentario